Cuando hablamos de digitalización del sector de la construcción, dos siglas aparecen casi siempre juntas: BIM e IFC. Sin embargo, no significan lo mismo ni cumplen la misma función. Entender la diferencia es el primer paso para comprender por qué hoy es posible que una gran constructora privada y una administración pública puedan intercambiar y validar la información de un mismo proyecto, con independencia del software que use cada una.
En ITELLIGENT trabajamos precisamente en ese punto de encuentro. Dentro de un proyecto de I+D que estamos desarrollando internamente, hemos construido un prototipo de agente de inteligencia artificial con el que estamos investigando cómo consultar e interrogar modelos IFC en lenguaje natural y cómo validar automáticamente su cumplimiento normativo. En este artículo explicamos los conceptos y compartimos, con ejemplos reales, en qué punto se encuentra esta investigación, que aún está en desarrollo.
¿Qué es BIM?
BIM (Building Information Modeling, o Modelado de Información de la Construcción) es una metodología de trabajo. No es un programa ni un archivo: es la forma de diseñar, construir y gestionar un edificio o una infraestructura a partir de un modelo digital que reúne geometría, propiedades y datos de todas las disciplinas implicadas (arquitectura, estructura, instalaciones, etc.) a lo largo de todo su ciclo de vida.
Bajo el paraguas BIM conviven múltiples herramientas de software (Revit, ArchiCAD, Tekla, Allplan, entre otras), cada una desarrollada por un fabricante distinto. Ahí es donde surge el reto: si cada aplicación guarda la información en su propio formato cerrado, ¿cómo se garantiza que todos los agentes de un proyecto puedan leer, entender y validar el mismo modelo? La respuesta es IFC.
¿Qué es IFC?
IFC (Industry Foundation Classes) es un estándar de datos abierto y neutro, desarrollado por buildingSMART International y reconocido como norma ISO (ISO 16739). No es un software ni una metodología: es un esquema de datos y un lenguaje común que define cómo debe describirse cada elemento de un edificio (un pilar, una puerta, un muro) junto con sus propiedades, relaciones y cantidades, de forma que cualquier programa compatible pueda leerlo e interpretarlo de la misma manera.
Dicho de otro modo: BIM es el «cómo trabajamos»; IFC es el «idioma» en el que se escribe esa información para que pueda compartirse sin depender de un fabricante concreto.

La diferencia clave, en un ejemplo
Imaginemos que una gran constructora privada desarrolla el modelo BIM de un hospital con su software habitual, y que el organismo público que supervisa el proyecto trabaja con una herramienta distinta. Si ambas partes exportan su información en formato IFC, ambas «hablan el mismo idioma»: la administración puede abrir, consultar y comprobar el modelo de la constructora sin necesidad de tener la misma licencia de software, y sin perder información por el camino.
Esta interoperabilidad es, de hecho, uno de los motivos por los que cada vez más administraciones públicas en España y en Europa, avanzan hacia la exigencia de modelos en formato IFC en sus pliegos de contratación pública. En España, este impulso se enmarca en el Plan BIM del Ministerio de Transporte y Movilidad Sostenible, cuyo objetivo es precisamente facilitar cómo compartir datos entre los distintos agentes públicos y privados de un proyecto para construir un ecosistema realmente interoperable; ya profundizamos en ello en nuestro artículo sobre espacios de datos y Plan BIM.
Qué estamos haciendo en ITELLIGENT con modelos IFC
Sobre esta base, en ITELLIGENT estamos desarrollando, dentro de nuestra línea de I+D, un proyecto de investigación al que hemos llamado IFC Agent. Se trata de una herramienta experimental que trabaja sobre modelos IFC reales de arquitectura y estructura, y con la que estamos investigando dos capacidades:
1. Consulta de modelos en lenguaje natural mediante un agente de IA
En las pruebas que estamos realizando, en lugar de navegar manualmente por miles de elementos de un modelo, el usuario puede preguntar directamente, en español y en lenguaje natural, cuestiones como «¿cuántos pilares hay?» o «¿cuántas vigas hay por planta?». El agente de IA interpreta la pregunta, la traduce a los términos técnicos del esquema IFC (por ejemplo, «pilar» equivale a la entidad IfcColumn), localiza los elementos correspondientes en el modelo, devuelve el resultado numérico y resalta visualmente esos elementos sobre el propio modelo 3D, mostrando además cómo ha interpretado la pregunta y qué pasos ha seguido para responder.
Actualmente estamos investigando la evolución de este agente hacia un sistema multiagente, en el que distintos agentes especializados colaboren entre sí para resolver consultas más complejas sobre disciplinas diferentes de un mismo proyecto (estructura, arquitectura, instalaciones).

2. Validación automática frente a IDS (Information Delivery Specification)
IDS es, en esencia, un conjunto de reglas que define qué información debe contener un modelo para considerarse completo y correcto (por ejemplo, que cada elemento tenga definido su sistema de clasificación o su material). En nuestras pruebas, el prototipo valida automáticamente un modelo IFC frente a estas especificaciones, en este caso, el IDS de Control Básico del Manual de Entrega de Información de Edificación (MEI) de buildingSMART Spain, e indica de forma clara qué requisitos se cumplen, cuáles no, y cuántos elementos están afectados por cada incumplimiento, con el detalle necesario para localizar el origen del problema.
El horizonte de esta línea de investigación es que el propio sistema multiagente sea capaz no solo de detectar los incumplimientos, sino también de proponer soluciones concretas. Una de las vías que estamos explorando es la comprobación automática del cumplimiento del Código Técnico de la Edificación (CTE) sobre modelos estructurales, de forma que la IA agéntica pueda indicar, a partir del modelo IFC, si una estructura cumple o no con la normativa vigente.

Por qué importa esto para el sector público y el sector privado
Si esta línea de investigación avanza como esperamos, disponer de herramientas capaces de validar automáticamente si un modelo BIM entregado cumple con los requisitos de información exigidos podría suponer una mejora en el control de calidad de los proyectos y en la gobernanza del dato a lo largo del ciclo de vida del activo, tanto para las administraciones públicas como para el sector privado (constructoras, ingenierías, grandes integradores), que hoy dedican buena parte de su tiempo a revisiones manuales.
En definitiva, BIM define cómo trabajamos; IFC garantiza que esa información se pueda compartir sin barreras; y la IA agéntica, tal y como la estamos investigando en ITELLIGENT, apunta a añadir una capa adicional: la capacidad de preguntar, entender y validar esa información de forma automática y en lenguaje natural. Se trata, insistimos, de un proyecto de I+D en curso: no es un servicio cerrado, sino una línea de trabajo que iremos compartiendo a medida que avance.




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